Conservan viva pasión por ex libris

Cada marca debe tener una imagen e incluir el nombre o seudónimo del poseedor

 

 

 



Sergio R. Blanco

MURAL. Ciudad de México  (10 junio 2006).- Eróticos, simbolistas, tipográficos, grandes o minúsculos, impresos a una o varias tintas, los ex libris son mucho más que un pedazo de papel que denota la propiedad sobre un libro: también atesoran parte de la identidad del dueño del volumen.

"Algunos llevan símbolos universales del saber, como la biblioteca, el árbol o la esfera terrestre, pero muchos simbolizan en una imagen alguna faceta de quien los mandó hacer", explica Selva Hernández, directora de la Asociación Mexicana de Ex Libris, integrada por 35 miembros.

Hernández, procedente de una familia de libreros, comenzó a coleccionar estas cédulas de papel en su adolescencia, como si se tratara de un juego. Sus padres acababan de adquirir parte del acervo de la librería José Robredo, y como un retazo más de su historia, casi todos los libros tenían adherida una de estas estampas.

Alentada por su madre, Hernández comenzó a recolectarlas, pero fue su tío, el curador Mercurio López Casillas, quien le ayudó a iniciar la colección.

Una de las primeras reglas que aprendió fue que no se pueden despegar todas las marcas —nombre con el que también se conoce a los ex libris—, sólo aquéllas que se encuentran en volúmenes poco relevantes.

"Por ejemplo, quitar una marca que el propio Salvador Novo puso en uno de sus poemarios o crónicas sería un pecado", dice la bibliófila, dueña de una colección que supera los 2 mil ex libris.

Cada marca debe reunir tres características: tener una imagen o composición tipográfica, llevar impresa la frase "ex libris" o "soy de", e incluir el nombre o seudónimo del poseedor.

"A mí los que menos me gustan son los más grandes, porque son muy poco prácticos. Hay un aforismo que dice que el tamaño de los ex libris es inversamente proporcional al tamaño de la bibliofilia", expresa Hernández.

El vocablo latino ex libris —que significa "de entre los libros"— da nombre a una costumbre muy antigua que los amantes de las letras y de los libros como objeto estético continúan practicando en la actualidad.
La artista plástica Nunik Sauret, quien ha creado ex libris a lo largo de dos décadas, explica que esta técnica asocia la alquimia, la estética y la pertenencia.

"Hacer un ex libris tiene que ver con la poesía, y como artista permite reinterpretar la personalidad de la persona a quien se le dedica", considera Sauret.

El origen de los ex libris se remonta a hace 3600 años, cuando el faraón Amenofis III mandó hacer una placa de barro cocido con esmalte azul e inscripciones jeroglíficas para marcar las fundas de los papiros de su biblioteca, como signo de propiedad. El Museo Británico de Londres conserva actualmente esta pieza.

Pero fue a partir de la introducción de la imprenta en Europa en 1455 y del uso de las técnicas de grabado cuando surgió la necesidad de identificar los libros, y fue así cómo surgieron los ex libris en su forma actual, que fueron diseñados por artistas del Renacimiento como Alberto Durero, Hans Holbein o Lucas Cranach.

La aparición en México de los ex libris data de la época colonial. Aunque en las bibliotecas conventuales se usaron marcas de fuego —que eran imborrables—, también se utilizaron etiquetas adheridas, como las del grabador en cobre Manuel Villavicencio.

El primer catálogo de ex libris mexicanos fue realizado en 1913 por el abogado Nicolás León. Un logro que escondía oscuras intenciones, ya que lo ofreció gratuitamente a algunas órdenes religiosas a cambio de algunos cientos de volúmenes del siglo 16 que después vendió en Alemania, refiere Hernández. El propio León fue un apasionado de los ex libris, ya que se mandó confeccionar cinco.

En el siglo 20, todas las generaciones de artistas plásticos mexicanos renovaron década tras década el ex libris moderno, desde Julio Ruelas hasta Ernesto García Cabral, Miguel Covarrubias, Fernando Leal, Roberto Montenegro, Diego Rivera, Rufino Tamayo y José Luis Cuevas.

A los grabadores Francisco Quintanar y Ricardo Cid les gusta entablar una conversación con aquella personas a quienes le confeccionarán un ex libris, para poder captar la esencia de sus gustos, su personalidad o sus obsesiones, de modo que las etiquetas de sus libros hablen un poco de los dueños.

"Las técnicas para realizarlos son tantas como las que ofrecen las artes gráficas: yo utilizo sobre todo el linóleo, la madera y el metal, porque a muchos les interesa que la hoja sea impresa artesanalmente por una plancha matriz. También hay quienes solicitan un dibujo y después lo reproducen offset. Todo depende de los gustos", señala Quintanar.

El poeta y crítico de arte Miguel Ángel Muñoz posee más de 20 ex libris que le han dedicado artistas mexicanos y extranjeros como José Luis Cuevas, Antoni Tàpies, Albert Rafols-Casamada, Vicente Gandía y Leonel Maciel.

"Creo en el ex libris como obra de arte. Al pegárselo al libro, adquiere un doble valor y se vuelve una reliquia personal. Es un sueño o una quimera que incluimos dentro de nuestros libros amados y queridos".