"Hablando en plata: el arte como inversión"

 

El mercado de arte es un campo escasamente explorado en nuestro entorno. Hay pocas investigaciones y la información de se dispone no siempre es verificable. Escribir y reflexionar sobre los "mercados de arte" sigue siendo un tema que provoca rechazo y reprobación, sin embargo, no puede negarse su existencia, máxime cuando existen galeros, coleccionistas y creadores, que provocan la oferta y la demanda, hacen de esta actividad su modo de vida.

Antes de que apareciera el libro "Hablando en plata: el arte como inversión", considerado entre los investigadores del fenómeno artístico, como un acercamiento formal sobre la comercialización de las obras de arte en México, ya existían otros dos textos en nuestro país que abordaban el tema desde su peculiar concepción metodológica, me refiero a "El arte del mercado en arte" y "El comercio del arte".

"El arte del mercado en arte", de Miguel Peraza y Josu Iturbe, publicado en 1998, contiene un acercamiento al complejo mundo del mercado de arte, principalmente mexicano, explicando desde el punto de vista estético, religioso y sociológico, un fenómeno considerado exclusivamente económico-administrativo, además de presentar una guía de museos, galerías y casas subastadoras. Mientras que "El comercio del arte", publicado en 1993, ofrece un débil acercamiento en términos financieros y muy limitado su estudio sobre la compra venta de obras de obras.

"Hablando en plata" está integrado por cuatro ensayos y una conclusión general. El primer texto, firmado por Arturo Galán y Kyra Galván Haro, "El arte como un inversión" es un estudio sobre el comportamiento del mercado mexicano, en torno a 39 artistas plásticos consagrados.

Entre las aseveraciones que arroja es que sí existe ganancia al invertir en arte y la mejor manera de hacerlo es consultarlo con un experto, que conozca el mercado internacional y nacional, así como la trayectoria el artista y su entrada al mundo de la oferta y la demanda.

La más significativa es la que asegura que comprar arte de jóvenes creadores es más redituable, y el que más riego conlleva, cuando son artistas consagrados vivos, la ganancia puede ir de un 10% a un 30% de manera más o menos confiable, mientras que un artista joven y su obra se encuentran en un periodo de consolidación, sus precios suelen mostrar un crecimiento y el beneficio puede sobrepasar el 40 %.

Esclarece que las casas subastadoras, como intermediarios comerciales, exigen a la persona propietaria de la obra que se haga cargo de ciertos gastos que implica su venta a consignación, asegurando los costos desde el principio, sin hacer mucho esfuerzo para vender y promocionar la obra del artista.

En "Valoración Internacional de los grandes maestros del arte mexicano El coleccionismo del arte moderno" de Luis-Martín Lozano apunta que en la validación de la obra de un pintor participan en la misma medida, los autores que escribieron sobre su trabajo, los marchantes y las galerías que promocionaron sus cuadros, los museos que valoraron su trabajo pictórico para difundirlo y especialmente los primeros coleccionistas que creyeron en su propuesta artística.

Para explicar cómo se conformó esa validación internacional de la pintura mexicana desarrolla una revisión histórica de los pintores mexicanos que obtuvieron algún logro: como premios, inserción en un medio cultural, demanda de coleccionistas, exposiciones en museos y galerías, participación en ferias y bienales de arte, todo ello, en Europa y Estados Unidos; además de la integración de colecciones en México.

Los nombres de los artistas, promotores, críticos y coleccionistas que contribuyeron a la valoración de arte mexicano van desde Julio Ruelas, Diego Rivera, Frida Kahlo, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Dolores Olmedo, Inés Amor, Xavier Villaurrutia, María Izquierdo, Marte R. Gómez, Pascual Gutiérrez Roldán, Salomón Hale, Alvar Carrillo Gil, Jacques y Natasha Gelman. Entre los coleccionistas mexicanos actuales se encuentra Andrés Blaisten (arte mexicano entre 1920 y 1950), María y Manuel Reyero (desde la época virreinal hasta el periodo moderno), Marcos Micha (especializada en Rivera), Yolanda y Estela Santos (Internacional).

"Mejor cómprate otro avión: dilemas del coleccionismo de arte contemporáneo en México" de Oswaldo Sánchez, destaca la importancia del coleccionismo privado, como complemento al coleccionismo del Estado, como la única alternativa para salvaguardar el patrimonio artístico de la contemporaneidad, ante la nula inversión por parte de las instituciones gubernamentales.

Evidencia que las colecciones de arte contemporáneo son las más difíciles de aquilatar en términos de su valor en el futuro, aunque son las más buscadas en el mercado internacional. Se construyen en torno a temáticas y marcos conceptuales más restringidos que permiten determinar su perfil y su relevancia en términos patrimoniales: la diferencia entre el coleccionismo internacional y nacional la hace la contratación de un curador para que especifique el perfil que el coleccionista desea.

Sánchez, director del museo Rufino Tamayo, afirma que el arte contemporáneo es vigoroso porque existe un coleccionismo fuerte que lo procura, evidenciado el papel de los corporativos internacionales como promotores e impulsores del arte contemporáneo. Entre los coleccionistas particulares de arte contemporáneo en nuestro país menciona a Eugenio López Alonso y Agustín Coppel; y al corporativo Jumex .

Concluye que el coleccionista de arte contemporáneo no tendría demasiadas retribuciones públicas en vida, porque sabe que finge discernir su presente, cuando lo que hace es rastrear y unir los fragmentos de un futuro aún por fracasar y esa utopía es su verdadera empresa.

En el estudio "¿Es el arte una inversión?" de Ercilla Gómez Maqueo, coordinadora del proyecto editorial, advierte que se corre el riesgo de no percibir cuál es la contribución real que los economistas aportan al campo de las artes, debido a que su análisis se reduce a estudiar solo aspectos monetarios que produce una obra de arte, en el mercado.

Para ello explica las peculiaridades de la oferta y la demanda de arte, que difieren de los axiomas económicos que se aplican a otros productos: El propietario de una obra de un artista consagrado ejerce comportamiento monopólico, no existe mecanismo para saber el precio de una obra en el momento de su compra-venta, las ventas de una obra son generalmente muy irregulares en un periodo de tiempo, determinar el tipo de compradores sirve para medir el comportamiento en la tasa de rendimiento económico de una obra.

La definición de arte que tienen los economistas difiere de la de los críticos e historiadores, el mercado no puede juzgar, ni discriminar si el arte que se comercializa es de "buena calidad" o "mala calidad"; para reducir la incertidumbre y determinar la calidad de una obra propone evaluar varios factores como: trayectoria del artista, manejo de la técnica, reconocimiento de la crítica, número de exposiciones, nivel académico, premios, precios en el mercado.

"Y entonces...¿qué es el arte?" es la conclusión de los textos anteriores. Apuesta por una definición de arte como un concepto dinámico que cambia en función de la cultura que lo define, de tiempo, el lugar y el contexto en que se produce. La aparición del pensamiento simbólico marca el nacimiento del arte y en los albores de siglo veintiuno el arte es un todo orgánico de mayor amplitud y capacidad multidireccional.

Entre las diferentes opiniones que recoge el texto final de qué es el arte, se encuentran la de los artistas Sebastián Rodríguez, Carlos Aguirre, Betsabeé Romero, Mónica Castillo, Boris Viskin, Ambra Polidori y Carol Miller, entre otras. La multiplicidad de significados demuestra la riqueza fundamental del arte: forma para explorar la realidad, instrumento para entender la realidad, un acto político que asume su compromiso social, nuevas formas de generar belleza y producir nuevas experiencias estéticas.

Significativa es la opinión de Daniel Lezama: A través del siglo veinte, el arte fue una farsa hueca para especialistas, que se consumió en el formalismo y en el distanciamiento elitista. En el nuevo siglo la debacle teórica reconoce la necesidad de que una obra de arte vuelva a ser revelante, necesaria y comprometida con lo humano.

"Hablando en plata: el arte como inversión" se ha convertido en libro paradigmático para comprender el fenómeno artístico en términos financieros en nuestro país, con numerosas fotografías a color de las obras de los artistas y de las colecciones más significativos en la escena nacional e internacional.
Es una Coedición entre editorial Océano, Landucci y UBS.