'Mi paleta se alegró cuando la conocí'

Inaugura Vladimir Cora exposición en el Cuevas

Dora Luz Haw

Vladimir Cora junto a su pieza "Flor Fragmentada con Desnudo", que da cuenta de la obsesión del pintor

por el cuerpo femenino.
Foto: Héctor García

 

 

Cd de México  (25 enero 2006)
Vladimir Cora (Acaponeta, Nayarit, 1951) se define como un romántico que debió haber nacido en el siglo 18.

Acostumbra regalar 'bouquets' a su esposa, Mary, a quien ahora rinde tributo con pinturas y esculturas donde las flores son el tema central.

"Ella ha sido mi motivo para muchas obras. De hecho, mi paleta se alegró en cuanto la conocí.

"Éste es un homenaje y un agradecimiento por todo, por nuestros hijos... Es mi manera de decirle: 'Te sigo amando'", dice el artista.

Alrededor de 22 obras realizadas del 2002 al 2005, integran la exposición 'Natura: Flores para Mary', que se inaugura mañana en el Museo José Luis Cuevas (Academia 13, Centro Histórico).

"Las flores, como las mujeres, son para olerlas, acariciarlas y quererlas", dice el artista.

Tras plasmar durante años figuras femeninas y cabezas, Cora decidió cambiar de temática.

Aunque su estilo neofigurativo, como lo llama, sigue presente, destacan ahora en sus cuadros las imágenes de gardenias, tulipanes, alcatraces y orquídeas.

El autor afirma que continuará trabajando el tema de la naturaleza en grabados, dibujos, óleos y esculturas relacionados con el agua, el aire, las aves y los árboles.

"Mi relación con la naturaleza es muy fuerte. Más allá de la belleza, me interesa reflexionar sobre su devastación".

Cora, quien cuenta con más de 150 exposiciones individuales en espacios como el Palacio de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Culiacán y el Centro Cultural Tijuana, cuenta que fue en una de ellas donde conoció a su esposa a fines de 1986, y como se acostumbra en los pueblos, se la robó.

"Nos 'juyimos'. Pero luego vino una breve separación, y fue hasta 1989, cuando ya tenía mi primera hija, Adilene, que regresamos.

"Mi hija se llama así por una canción de Los Yonics que dice: 'Adilene, te gritan mis recuerdos/ dime dónde estás/ Inclemente, castigas a este pecho/ linda flor de azar...'", canta el pintor.

Fue hasta 1999 cuando un 20 de abril, día del cumpleaños de Mary, se casaron. Sus padrinos fueron el pintor Manuel Felguérez y su esposa Mercedes. Hoy, la pareja tiene otros dos hijos: Vladimir, de 16 años, y Álica, de 14.

En esa fecha, recuerda, se inauguró también la Casa Museo Vladimir Cora en Acaponeta, patrocinada por el Gobierno estatal, la cual reúne parte de su obra y de otros seis artistas, entre los que figuran Vicente Rojo, Raúl Anguiano y Roger Von Gunten.

"Mi relación con natura", afirma, "es importante porque Nayarit está en medio del océano y las montañas. Mis esculturas se inspiran en las raíces de los manglares de La Tobara", explica.

Pero Cora no busca copiar ni reinterpretar la naturaleza, sino inventarla. Las flores de sus cuadros sólo existen ahí, porque el artista pinta lo que siente.

"Yo copiaba al principio. A mí me surgió el interés por el arte cuando trabajaba en una farmacia en Mazatlán y llegó un periódico con la imagen de un cuadro de Monet que me hizo pensar que yo quería hacer eso.

"Entonces era un verdadero burro, no sabía quiénes eran ni Tamayo ni Cuevas".

Cora estudió artes plásticas en la Escuela de Pintura y Escultura de Tijuana y en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado "La Esmeralda". Sus primeros trabajos eran copias de almanaques y libros.

Cora asegura que nunca para de trabajar. Se levanta a las 6 de la mañana, sale a correr, regresa a tomar un café, y a las siete y media ya está listo para pintar.

Cuando no se concentra y se siente vencido por el "campo de batalla" de la tela, pasea por su aviario, donde tiene guacamayas verdes, azules y rojas con las que se distrae un poco mientras vuelve al trabajo.

El artista, quien en algún tiempo pensó en ser un músico de la talla de su admirado Carlos Santana, por lo que empezó a tocar el requinto con un grupo en fiestas, recurre constantemente a formatos grandes en su pintura.

"Quizá porque cuando comencé, en la década de los 60, estaban aún de moda los muralistas. Pero no, prefiero la obra de caballete".

La escultura, dice, es un arte que le fascina.

"Me encanta acariciar el cuerpo de la mujer, tocarla, sentirla y besarla. Eso me pasa con la escultura, la acaricio cuando tallo la madera o cuando trabajo el yeso para hacer piezas en bronce".