Soñador, es aquel que trabaja en lo imposible

 

Meme, Claudio Jimenez, Ana Jimenez                                                                          Foto Inés Palomar

 

  obra

 

 

 


 
BIOGRAFÍA
 
Imágenes y secretos
Galería Teu Lloc Recorte del Ocio
Invitación Teu Lloc
Presentan sus sueños en Alemania
El Arte Tapatío llegó a Hamburgo
Catálogo Puertas Abiertas 2006
Mensaje de Meme para Claudio
Proyecto muros 2007
Invitación para Expo Pendón
Viaje en Carta Ajena
La tarea
Proyecto Muros 2008
Pase al subterraneo
Distintas formas de expresión
Proyecto muros temporada 16
La trinchera, 5o. aniversario
Proyecto muros temporada 17
  Proyecto muros temporada 18
  Galería AL
  11 Aniversario Galería Ruiz Rojo
  La trinchera
  El Teu Lloc 6o. Aniversario
  Proyecto muros temporada 19
  Cinco años de muros intercambiables
  Hacen arte con tequila
  50 ideas 50 motivos 50 artistas
  Festival Santiago 2011

   
   
   




Oficinista sin profecías

Mixta s/papel

62x50 cm.

 

con mas preguntas que respuestas

acrílico s/tela

120x120 cm

 

Rostros vemos demonios no sabemos

Mixta s/papel

68x48 cm.

sin título

acrílico s/tela

200x80 cm.

 

 

 

 

 

Meme establece en su obra un lenguaje personal, honesto y vigoroso que exige una lectura cuidadosa que nos lleva a paladear múltiples significados. Su trazo contundente va más allá del figurativismo, y desde el primer acercamiento a su obra revela que esconde más de una pregunta acerca de sus personajes que empiezan a resultar complejos.

Un dominio de la figura humana lo faculta para representar a sus personajes en el límite de una frontera virtual entre lo caricaturizado y lo que resulta de una carga humana dramática que inunda su pintura. Respaldado por una paleta cromática llena de intensidad que refuerza esta idea, nos lleva a través de la vitalidad del rojo, a un azul sombrío. Así, nos abre un camino inquietante en el que nos vinculamos a sus personajes, que están sujetos a una mutilación interna y se convierten en radiografías de anhelos insatisfechos.

Libre del anclaje en el espacio y tiempo de la cotidianidad, se centra en una fuerte carga emotiva, metáfora de la simplicidad, o tal vez ¿complejidad? del pensamiento. Nos lleva a un paisaje en un mundo onírico, que nos remite a lo incierto de existir; figuras suplicantes, ojeras que claman perdón, melancólicas, indiferentes. Esta sátira mordaz del ser humano y su pensamiento evidencia al hombre en su individualidad y a todos los hombres conjuntados en uno mismo. Lleva al espectador a establecer un vínculo entre el interior y el exterior de los protagonistas de su obra, un exterior que denuncia y se debate entre la apatía y los deseos de las circunstancias que aquejan a sus héroes internos, aviadores o circenses.

Por: Paloma Cruz