Maestro Armando Anguiano
Cincuenta años de crear Arte Cristiano
• Felipe de Jesús Preciado
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Son
pocas las personas que al llegar al los 83 años de vida, pueden presumir de
haberse mantenido fieles ante una pasión que los sedujo en los años de su
juventud.
Entre
ese cerrado grupo podemos contar la figura de Armando Anguiano, pintor
jalisciense, que con en paso del tiempo no sólo ha mantenido viva su pasión por
el arte, sino que día a día la ha dilatado, hasta convertirse en uno de los
pintores más prolíficos de México. Muestra de ello, es su afán de obtener el
record Guines, por haber trazado más de cinco mil
rostros de Cristo.
Armando
Anguiano vio la luz por primera vez el 12 de octubre de 1920, en uno de los
barrios más populares de la ciudad de Guadalajara: San Juan de Dios,
concretamente en la calle San Andrés –hoy Álvaro Obregón–. Ahí, a muy temprana
edad descubrió su vocación para el arte: «Recuerdo que apenas pude sostener un
lápiz en las manos –como a los dos años de edad– empecé a hacer mis primeros
murales, es decir, a pintarrajear las paredes con garabatos, pues a esa edad no
se hacen figuras con sentido».
Poco
después, inducido por su hermano mayor, Raúl, asistió por primera vez a clases
formales de pintura en el hoy Museo Regional del Estado de Jalisco, donde el
maestro Juan «Ixca» Farías
enseñaba dibujo y pintura.
Por
negocios familiares se vio en la necesidad de abandonar su ciudad natal,
partiendo a los 15 años de edad a la ciudad de México: «Allá ingresé a la
Escuela Nocturna para Trabajadores, pues mi padre, con su fábrica de calzado y
sus zapaterías, nos tenía ocupados a los nueve hermanos», comenta con tono de
tristeza. «Yo no tuve mucho apoyo por parte de mi padre, él deseaba que
nosotros heredáramos su oficio. Mi madre me apoyaba, pero no podía hacerlo de
manera definitiva como yo lo deseaba». Estas situaciones provocaron que Armando
abandonara su hogar: «No fue una ruptura violenta, pues trabajé de escritor
para artes gráficas, pude independizarme de mi hogar e integrarme, en el año de
1950, a la Escuela de Artes Plásticas La Esmeralda».
Ese
mismo año, a la edad de 30 años, y debido al éxito que comenzaba a hacer su
obra en la Capital del País, fue invitado a participar en el Año de las Artes
en Jalisco, instituido por el Gobernador Juan Gil
Preciado: «Aquí me nombraron hijo distinguido de Jalisco; desde esa fecha he
realizado 22 exposiciones, solamente en Guadalajara».
Fe
profunda detrás de una actividad incansable
El
Maestro Anguiano ha elaborado trabajos con casi todos los medios existentes,
así como con los que él ha inventado; por ejemplo, pinta utilizando isodine, violeta de genciana, yodo, café concentrado, «con
todo lo que sea pintura» como él lo especifica, pero sin duda, materia y
técnica con la que más trabajos ha realizado es el óleo sobre tela, empleando
pincel o espátula, esto con la finalidad de aplicar texturas a sus obras.
Y
aunque sus temas son muy diversos, llama profundamente la atención el hecho de
que empleando todos los medios ha elaborado un sinnúmero de rostros de Cristo.
Al interrogarle con insistencia, respondió sin inmutarse: «Porque soy un hombre
profundamente religioso. Todos los pintores que tocamos este tema, tratamos de
ir buscando, a través del tiempo, un arquetipo, un Cristo muy personal y esa
búsqueda no cesa. Además, conforme ha pasado el tiempo me he ido inclinando más
hacia el tema religioso; con el favor de Dios he progresado en el aspecto
espiritual, desprendiéndome de preocupaciones materialistas. Ahora lo que más
me importa es tener como prioridad a Cristo en mi vida, y sobre todo, seguir
sus huellas y sus mandatos. ¿Cómo no voy a plasmar en mi obra pictórica la
pasión que hace girar a mi vida?».
Su
fama ha comenzado a trascender fronteras
Fue
el sacerdote Armando González Escoto, quien, durante una visita a su estudio,
descubrió que el Maestro Anguiano es profundamente pasionario, es decir, que le
interesa más la Pasión que ninguna otra faceta de Cristo. Esa pasión lo ha
hecho desarrollar una extremada habilidad de trazo, mediante la cual es capaz
de completar un rostro de Jesús en menos de 30 minutos.
Su
fama ya ha trascendido las fronteras, pues tres de sus obras se encuentran en
El Vaticano, dos son propiedad del Papa Juan Pablo II, y una del Cardenal
Lorenzo Angelline; éstas fueron entregadas en el
Jubileo del año 2000 por Mons. Felipe Aguirre, actual Obispo de Acapulco.
Próximamente dos de ellas pasarán a formar parte del acervo del Museo Vaticano
sobre Cristo.
Ha
comenzado el reconocimiento a su labor
No
solamente su producción ha sido muy amplia; también los reconocimientos que se
le han otorgado. A la fecha cuenta con 50 medallas honoríficas, en 2001 recibió
una en la categoría de artes plásticas, de parte de la Organización Artístico
Cultural (OCA); en 2002, la Asociación Mexicana para el Fomento del Arte Sacro
le otorgó la medalla «Sol de Amfar» por su
trayectoria y apoyo a la creación del arte sacro. El más reciente
reconocimiento fue el Premio Jalisco en Artes, que recibió junto con otros seis
ilustres jaliscienses, el pasado lunes 9 de junio de 2003.