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Alberto Gironella
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Alberto
Gironella Ojeda, de padre catalán y madre yucateca, nace en la ciudad de
México en 1926. Lee obras de Ramón María del Valle Inclán y de Ramón Gómez de
la Serna, que posteriormente influirán en su obra plástica. En 1948 funda
"Clavileño", revista de literatura y arte, con Luis Rius y Arturo
Souto; más adelante, en 1951, juntos fundan la revista literaria
"Segrel", de la cual salen dos números. En ese mismo año estudia
Letras Españolas en la UNAM, escribe poesía y comienza su novela
"Tiburcio Esquila", que no llegó a publicarse. En 1952, junto con
los pintores Héctor Xavier y Vlady, fundan la Galería Prisse, donde Gironella
expone "La condesa de Uta". En 1953 se establece un tiempo en
Guanajuato, y desde entonces se dedica por completo a la pintura. En 1959 viaja
a Nueva York y se inspira en el retrato de Diego Velázquez, para pintar su
primera reina Mariana, que integra una amplia serie. En
1960 recibió el premio de la Bienal de Pintura Joven en París. Visitó Madrid
y París -lugar donde expuso sus obras- y conoció a Breton, Joyce Mansour,
Fernando Arrabal y Pierre Alechinsky; se integró al grupo "Phases",
organizado por Edouard Jaguer, con quien Gironella participó en una
exposición celebrada en la Universidad de París en 1963. Regresó a México en
1962. Al año siguiente, realizó la escenografía para "La Ópera del
Orden", de Alejandro Jodorovsky. En 1968 obtuvo la beca Guggenheim. En
esta época produjo una serie de litografías para el libro de Carlos Fuentes
"Terra Nostra" (1975), y en 1980, en México, realizó doce tauromaquias
con Pierre Alechinsky. Desde de 1952, ha exhibido sus obras regularmente en
ciudades como París, México, Madrid, Nueva York, Belgrado, entre otras.
Actualmente desarrolla su trabajo y vive en México.
En
los años cincuenta, apareció en México un incipiente movimiento de ruptura,
integrado por artistas plásticos y literarios, que en las artes plásticas se
oponían al control hegemónico de la escuela mexicana, y a la contundente
proclama de Siqueiros "No hay más ruta que la nuestra". Esta nueva
generación de artistas (integrada entre otros por Lilia Carrillo, Cuevas,
Echeverría, Felguérez, García Ponce, Gironella, Rojo y Vlady) rechazaba la
idea del arte como propaganda política y la representación de temas
indigenistas o nacionalistas como única posibilidad en el arte. Aunque la
confrontación por un arte no ideologizado adquiere fuerza en la década del
sesenta, desde los cincuenta algunos artistas empezaban a pintar de manera
individual, fuera de las escuelas y movimientos, por lo que ya no
representaban temas históricos, realistas o de corte social y político. Para
ellos el punto de partida era el mundo interior y subjetivo, las
preocupaciones personales de cada artista, así como los distintos modos de
expresión. En torno a este rechazo se unifica la nueva generación de
artistas, que integró Alberto Gironella. En
este contexto, se abrieron algunas galerías en la ciudad de México, que
significaron nuevos espacios de difusión no oficiales. Entre éstas, cabe
mencionar la Galería Proteo, dirigida un tiempo por el propio Gironella.
Proteo fue inaugurada en 1956 y apoyaba a los nuevos pintores que estaban
fuera de la órbita de la escuela mexicana; la Galería Antonio Souza,
aparecida en 1956, y la Galería Juan Martín, fundada en 1961, en donde
Gironella realizó sus primeras exposiciones sobre las reinas. En
el discurso plástico de Gironella hay temas fundamentales como son la muerte,
el fenómeno de la putrefacción de la materia, y el transcurrir del tiempo.
Una de las características de Gironella es la libertad con que construye sus
cuadros, en los que se encuentran la plástica y las letras. Resultado de la
relación constante y cercana que el artista ha tenido con la literatura, sus
configuraciones -tanto pintura como ensamblados- remiten a imágenes
literarias, a escritores y a poetas universales. Octavio
Paz dijo de él que es un "poeta
de imágenes y no de palabras" y él mismo confesó que "lo mío es un loco intento de pintar
el tiempo". Entre
sus obras destacan: Reina Mariana (1960, 1964, 1971), Entierro de Zapata
(1972), Metamorfosis de una reina I, II, III (1958), Diego Velázquez, artista
fotógrafo (1968) y La musa violenta (1978). Falleció
en México el 2 de agosto de 1999. También pidió que sus restos descansaran en
una especie de pared e fusilamiento, es decir, de adobe, en el jardín de su
casa de Valle de Bravo Gironella
manipula los objetos y los descontextualiza para construir otras realidades
con significados contundentes, que surgen de la reflexión en torno a los
temas de su obra. Sus pinturas pueden ser simbólicas, desgarradoras o
terroríficas, pero siempre guardan una interesante dosis de humor e ironía.
El pintor deforma caras y cuerpos sin perder la figura, sin diluirla
totalmente; más bien parecen convivir dos rostros diferentes en la misma
composición, en los que se plasman los gestos de la vida y de la muerte. La
trayectoria plástica de Gironella se inició con el dibujo y la acuarela,
representando en estas primeras composiciones a distintos personajes, algunos
de ellos inspirados en Tiburcio Esquirla, el protagonista de su novela. En
estos trabajos ya manifestaba el interés por mantener la forma, la libertad
para manejar el trazo y la facilidad para expresar los estados sicológicos.
En su obra posterior aparecen una serie de figuras inspiradas en los periodos
azul y rosa de Picasso, y más adelante practica la técnica al óleo,
utilizando colores contrastantes y brillantes, que cambiará a tonos oscuros y
sombríos para expresar de esa manera la corrupción de la materia y los
cuerpos. Gironella también ha pintado paisajes, primero realizados a base de
tonos únicos, para después recuperar las técnicas de los pintores europeos. A
partir de los años cincuenta el trabajo de Gironella se transforma, con la
influencia de tendencias contemporáneas, como el informalismo, pero
principalmente cuando comienza a experimentar con las técnicas pictóricas de
los maestros de la pintura veneciana y las aplica a sus obras. Ejemplo de
este proceso de cambio es "La Condesa de Uta", (1952). Este cuadro,
fundamental para la evolución posterior de su trabajo, se considera la primera
obra madura de Gironella. Originalmente fue expuesto en la Galería Prisse,
junto a algunos paisajes de Guanajuato que ilustraron un cuento de Carlos
Fuentes Los ensamblados de Gironella se componen de pequeños recuadros o
cajas -algunas de ellas reversibles-, en los que sitúa distintas clases de
objetos, creando con estos elementos composiciones plásticas que contienen un
lenguaje irónico y humorístico, o que expresan de distintas maneras la
desintegración o la descomposición, tema que ha preocupado insistentemente al
artista. Otras veces, mediante esta técnica tridimensional, Gironella realiza
homenajes a personajes célebres y que de una u otra manera han influido sobre
el artista, como Luis Buñuel o Flaubert. Gironella
utiliza latas de alimentos, botellas, etiquetas de licor, cajas; retoma
fotografías, impresos, reproducciones e imágenes de otros artistas,
construyendo estructuras en las que se integra la pintura al espacio
tridimensional, muchas veces mezclando sus paráfrasis de los pintores
españoles con latas de sardinas y de aceite de oliva, embutidos o corcholatas
de botellas, remitiendo de esta manera al bodegón español. El resultado de
este proceso combinatorio -entre otros, la unión de figuras religiosas con
objetos de uso cotidiano- es un lenguaje plástico de gran sentido lúdico, en
el que establece formas armónicas y rítmicas, mediante el paso de los objetos
ordenados al desorden del trazo y el color. http://www.arts-history.mx/gironella/girella.html |
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